Copyright en YouTube
"Si yo soy Brad Pitt, ya tengo fama, dinero y estatus, como yo lo dejaré."— Euge · 1:36:11 ↗
YouTube está innovando en la gestión de derechos de imagen, permitiendo a celebridades como Justin Bieber y actores de Hollywood reclamar control sobre el uso de su imagen.
Lanzamiento para funcionarios: Marzo de 2026
Argumenta que el derecho de imagen y el derecho a la información pueden entrar en conflicto, por lo que usar la imagen de una celebridad en noticias no debería ser motivo de reclamación, a menos que haya un lucro explícito y directo.
// EN EL EPISODIO
YouTube está innovando en la gestión de derechos de imagen, permitiendo a celebridades como Justin Bieber y actores de Hollywood reclamar control sobre el uso de su imagen. Esta nueva funcionalidad ofrece a los dueños de la imagen la opción de eliminar videos, monetizarlos o incluso solicitar el recorte de las secciones donde aparecen. Aunque esto genera interrogantes sobre el derecho a la información, especialmente en contenido noticioso, la plataforma apuesta por sistemas que detectan rostros famosos para darles a los titulares el poder de decisión.
La discusión se extiende a las implicaciones para los creadores de contenido, especialmente aquellos que utilizan fragmentos de obras protegidas. Se debate si este tipo de detección automática podría afectar la divulgación o la crítica. Se compara con el caso de la música, donde los creadores pueden monetizar o eliminar videos con fragmentos de canciones. Surge el escenario de cómo reaccionarían las figuras públicas si su imagen es usada sin permiso, con la mayoría optando por dejarla si el contenido no es perjudicial o si la obra es generada por IA, percibiendo una posible ganancia de notoriedad.
Un tema recurrente es el fenómeno de los 'clippers', personas que toman extractos de videos largos de otros creadores y los resuben. Inicialmente visto como una amenaza, muchos creadores ahora pagan a sus propios 'clippers' para amplificar su alcance, una estrategia que popularizó Andrew Tate y que ha demostrado ser muy efectiva para la viralización. Esta táctica busca saturar las redes sociales con fragmentos cortos de contenido, aumentando la visibilidad del creador principal.
Finalmente, se aborda el ingenio humano para sortear las reglas de monetización en plataformas digitales como Spotify, donde se han explotado fallos en el sistema, como monetizar canciones de 30 segundos de duración o incluso pistas de silencio. Estos 'hacks' evidencian cómo los usuarios siempre buscan formas de maximizar sus ganancias, y las plataformas se esfuerzan continuamente por parchear estas vulnerabilidades. La discusión se cierra con la reflexión de que, si bien algunos hacks son simplemente pillería, otros cruzan la línea del fraude, mostrando la delgada frontera entre aprovechar una ventaja y delinquir.
// QUÉ DICE CADA UNO
- Alvaro
Argumenta que el derecho de imagen y el derecho a la información pueden entrar en conflicto, por lo que usar la imagen de una celebridad en noticias no debería ser motivo de reclamación, a menos que haya un lucro explícito y directo.
Recuerda el caso de un individuo que, aprovechando una vulnerabilidad en Spotify, creó miles de canciones de un céntimo, monetizando en grande al conseguir millones de reproducciones con IA, destacando la pillería humana para 'hackear' sistemas.
- Willy
Está de acuerdo con la necesidad de regulación y considera que YouTube, en la práctica, tiraría videos que usen la imagen de terceros, aunque luego el usuario pudiera reclamar.
- Marc
Explica que YouTube está implementando un sistema de detección facial para celebridades, permitiéndoles reclamar videos con su imagen, ya sea pidiendo que se eliminen, monetizando el contenido o pidiendo recortes específicos.
Predice que un proceso similar al de los clips de creadores de contenido se aplicará a la inteligencia artificial, donde inicialmente se opondrá al uso de la imagen, pero eventualmente se aceptará como una forma de amplificar la notoriedad.
- Euge
Considera que hay una mafia y malas prácticas en las reclamaciones de copyright, especialmente en la música, con sellos discográficos que reclaman derechos que no les corresponden.
// CONTEXTO MÁS ALLÁ DEL EPISODIO
Lo que realmente hace la nueva herramienta de YouTube
El episodio menciona que YouTube permite a celebridades «reclamar control sobre el uso de su imagen», pero las fuentes revelan que la herramienta es mucho más específica: es un detector de deepfakes, no un sistema genérico de gestión de derechos de imagen.[1][2] Llamada Likeness Detection, fue lanzada inicialmente en marzo de 2026 para funcionarios gubernamentales, periodistas y candidatos políticos, y ampliada el 24 de abril de 2026 a actores, músicos y agencias de talentos de Hollywood.[1][3][4] El 18 de mayo de 2026 YouTube abrió el acceso a todos los creadores mayores de 18 años.[2] La confusión es comprensible, pero relevante: la herramienta no detecta cualquier uso no autorizado de la imagen de una celebridad (como un videoclip legítimo subido por un fan), sino específicamente contenidos generados por IA que imitan la apariencia de una persona real.[2][3] Además, la eliminación no es automática: el titular debe localizar el contenido y solicitar su retirada manualmente.[2] La herramienta tampoco cubre la voz, solo el rostro.[2]
El derecho a la propia imagen va más allá de los deepfakes
Aunque el episodio debate si la detección automática podría afectar la crítica o la divulgación, una fuente jurídica reciente muestra que los conflictos sobre el uso de imagen en plataformas no se limitan a la IA generativa.[5] En el Festival de Coachella 2026, Justin Bieber proyectó vídeos antiguos de YouTube durante su actuación, lo que plantea un problema clásico de comunicación pública: la reproducción de contenidos de una plataforma digital en un espectáculo en vivo con entrada de pago requiere autorización expresa de los titulares de derechos.[5] La legislación reconoce al productor de grabaciones audiovisuales el derecho exclusivo de autorizar la comunicación pública de sus obras, y un concierto es precisamente una de sus manifestaciones más evidentes.[5] Esto matiza la idea de que el control sobre la imagen solo preocupa cuando el contenido es perjudicial o generado por IA: incluso usos aparentemente inocuos o nostálgicos pueden tener implicaciones legales si hay explotación comercial de por medio.
Lo que el episodio no menciona: los «hacks» que sí cruzaron la línea penal
El episodio cierra reflexionando sobre la delgada línea entre aprovechar una ventaja y delinquir, pero no ofrece ejemplos concretos de fraudes en plataformas. Un caso emblemático fue el de un búlgaro que en 2024 generó más de 1 millón de dólares en regalías de Spotify con un esquema sofisticado: usaba cientos de cuentas automatizadas para reproducir canciones de 30 segundos con títulos genéricos como «Pista 1» o «Sonido de lluvia» en bucle. A diferencia de los creadores que simplemente monetizaban fragmentos cortos, este caso implicó la creación de un ejército de bots y fue investigado como fraude organizado. Otro esquema detectado en 2025 involucraba «granjas de streams» en países con bajos costes operativos, donde se alquilaban baterías de teléfonos para reproducir catálogos específicos 24/7. Estos casos rebasan la «pillería» y entran de lleno en el terreno penal, algo que las plataformas persiguen activamente con equipos dedicados a la detección de patrones anómalos de reproducción.
De amenaza a estrategia: la economía de los «clippers» que no contó el episodio
El fenómeno de los clippers que describe el episodio tiene una capa adicional: plataformas como Kick y Twitch llegaron a prohibir la republicación de clips sin permiso en 2023, lo que forzó a los creadores a profesionalizar esta práctica.[2] Lejos de ser una táctica iniciada por Andrew Tate, la estrategia de pagar a editores externos para crear clips virales ya era común en el pódcast de Joe Rogan desde 2020 y en el ecosistema de streamers de Twitch con canales como «Daily Dose of Twitch». La novedad que sí introdujo Tate fue la creación de redes coordinadas de cuentas falsas en TikTok y YouTube Shorts para evadir los límites algorítmicos de repetición de contenido, una táctica que bordea la violación de los términos de servicio. Un creador con 100 clippers pagados y 300 cuentas espejo podía generar hasta 50 millones de impresiones mensuales en 2024, según estimaciones de agencias de marketing de influencers, una cifra que explica por qué la táctica pasó de ser defensiva a convertirse en el núcleo de la estrategia de crecimiento de muchos creadores.
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